sábado, octubre 25, 2008

América contra las cuerdas, W. A. Rozen

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America On The Ropes
by Wayne A. Rozen


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En 1910, 200 años de tensión racial se deciden en 15 rounds.


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La pelea entre Jack Johnson, el hombre de la sonrisa dorada, y James J. Jeffries, la “Gran Esperanza Blanca”, el día de la Independencia de 1910, en Reno, Nevada, fue el evento deportivo más importante y más ávidamente seguido que haya visto el país... una mezcla explosiva de exhibición física y tensión racial. Jeffries se transformó a sí mismo de ser un hombre blando y con sobrepeso, en un retador decidido y muscular que cautivó la imaginación de todo un país, que se volcó a verlo destruir al campeón negro. Johnson perseveró en ser lo que era, mostrándose abiertamente, y sin temor a sacudir las estrictas costumbres sociales de su época, con mujeres blancas, diciendo lo que pensaba y parándose desafiante ante el país.
En ningún momento llegaron a darse la mano siquiera, y esta pelea galvanizó de tal modo a la nación, que después que Johnson perdió el título transcurrirían más de veinte años hasta que se le permitiera a otro hombre de raza negra competir por el premio mayor del boxeo. "America contra las cuerdas" cuenta la historia de esta famosa disputa, y se presta a modo de punzante reflexión sobre una nación que todavía está en deuda con su anhelada reconstrucción, y que sigue sin voluntad de arreglar cuentas con aquella promesa de libertad y justicia para todos.

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En 1910, la población de America ha trepado a los 76 millones de personas, un trabajador promedio gana $12.98 por 59 horas semanales, la leche es regularmente pasteurizada, y un corpulento William Howard Taft es Presidente. El telegrafo está siendo reemplazado por el teléfono, las vías ferreas mueven mercaderías y pasajeros en cifras record, los automoviles son cada día más visibles, y el Ping-Pong, un nuevo entretenimiento importado de Gran Bretaña, causa sensación. Fortunas colosales están siendo amasadas por Morgan, Carnegie, Vanderbilt, y Rockefeller y todo el mundo tiene su oportunidad de probar fama y fortuna. Excepto, claro, que sea negro.

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Nacido el 13 de marzo de 1878 de padres que eran esclavos libertos, Jack Johnson dejó la escuela luego del quinto grado, para trabajar como estibador en el puerto de Galveston, Texas, adonde aprendió a pelear. Luego de convertirse en boxeador profesional, Johnson combatió en Norteamérica y en el exterior, y pronto conquistó una reputación por sus habilidades en el ring. Siendo negro, Johnson fue relegado a pelear con hombres de color. Los combates eran difíciles de conseguir y a los negros se les negaba sistemáticamente la chance de pelear con los buenos boxeadores blancos.

Pero la suerte entró en juego, y las circunstancias le trajeron a Johnson una oportunidad por la corona de los pesados. El 26 de diciembre de 1908, Johnson destronó al campeón blanco Tommy Burns de manera contundente. Tanto se enfureció el autor Jack London, que efectuó un desafío cargado de contenido racista al campeón retirado James J.Jeffries, para que éste acabara con Johnson y restaurara el honor de la raza blanca.



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Combinando una gran fortaleza física con una agilidad y rapidéz raras en un hombre de su tamaño, James J. Jeffries personificaba la visión colectiva de lo que Norteamérica pensaba que debía ser el aspecto de su campeón. Un poderoso pegador, Jeffries arrasó con todos y cada uno de sus oponentes blancos y se retiró a sus campos de alfalfa a la edad de 28 años, sin que le quedaran mundos por conquistar.

Un producto de su época, tenía prejuicios raciales, y alentó a que nunca se permitiera que un hombre negro pudiera enfrentarlo como campeón. Estando retirado, decía que el título seguía perteneciéndole por no haber sido derrotado nunca. Empapado de ese furor, Jeffries alzó el guante que Jack London y la América blanca lanzaran en su camino, y prometió poner las cosas nuevamente en su lugar.


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El Día de la Independencia amaneció claro y radiante, mientras en Reno se convulsionaba una frenética expectativa que se había estado formando día tras día, hora tras hora. La comida estaba escaseando. Las cantinas y salones de apuestas habían estado abiertas toda la noche y aquellos que de alguna forma se las habían ingeniado para dormir un poco, despertaban para encontrarse con una ciudad en plena algarabía.

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Aunque la pelea estaba pactada para las 2 de la tarde, el éxodo desde Reno comenzó desde media mañana y cada medio de transporte estaba abarrotado llevando a las multitudes al estadio de madera, que ya había sido pre-calentado por el sol de la mañana. Buggies, automóviles, vagones, trolleys y practicamente todo lo que tuviera ruedas, estaba dedicado (a cierto precio) para los traslados hacia el estadio, donde entusiasmados promotores le vendían las entradas a la multitud, voceando los precios y escuchando las contraofertas. Pero el intercambio de dinero por boletos se hizo menos organizado y más caótico, a medida que los aficionados, temerosos de perderse algunas de las acciones del interior, amenazaron físicamente a los promotores para que apuraran las ventas.

Para la hora en que acabó de presentarse la larga lista de celebridades y los peleadores habían trepado al ring (Johnson fue recibido con un relativo silencio salpicado de algunos epítetos raciales y Jeffries con una vibrante ovación), el país y el mundo quedaron ansiosos a los partes de la pelea, que a través del telégrafo, iban emanando desde el ringside.


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