sábado, julio 11, 2009

Gatti-dammerung

Gotterdammerung
Adiós al Guerrero
G A T T I

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"No Puede Ser"

Estoy consternado. Todavía no lo puedo creer. "No puede ser" -según Ernesto Sábato-, esa es la expresión que iguala e identifica a las almas humanas delante de todas las fatalidades. Y es lo primero que se me ocurre pensar delante de la incredulidad que me produce la noticia de la muerte de Arturo Gatti, en este oscuro suceso de Brasil. Por un lado uno debe resignarse a aceptar siempre la finitud de la vida humana, esa misma vida humana cuya intensidad consagran religiosamente todas las buenas peleas de boxeo.

Por otro lado, la perennidad y la longevidad más próspera y dichosa, es uno de esos buenos deseos que yo hubiese reservado siempre, y únicamente, para regalarlo desde lo más profundo de mi corazón a seres como este guerrero imbatible. Porque para mí, la entereza y la rabia que comandan la fuerza de la voluntad interior, que a su vez manda sobre la cabeza y los músculos, nunca puede ser derrotada por nocaut. Y esa esencia de testiculina, es lo que más abundaba en el torrente sanguíneo de este inmenso personaje.

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Jamás podría hablar de Arturo Gatti como de una persona distante, a la que uno busca recordar y capturar a través de un record, de un título o de una anécdota. Se trata de uno de las figuras deportivas con las que, más he llegado a enamorarme del boxeo, más a crispar los nervios y a vivir los puntos más altos de tensión emotiva que se puedan experimentar con la contemplación competitiva, y de las que no tengo más que eterno agradecimiento para con él.

Gatti es sinónimo de entrega deportiva absoluta. De consagración reiterada a la máxima capacidad de volcar el resto físico que uno prepara en un gimnasio. Esa es una de las páginas de gloria que no son frecuentemente escritas en las crónicas de boxeo. Por supuesto que uno siempre debe prepararse al 100% cuando practica boxeo. Eso lo sabe cualquiera. El problema está en tener la capacidad de decidir arriba del ring, en medio de la más brutal de las refriegas, que uno puede y va a exigirse, esforzarse, empeñarse y desvivirse por sacar de adentro del dolor y del cansancio, y desde el fondo de toda esa preparación, el 100% de lo que puede ser sacado y volcarlo para "el hambre de esa caldera" adonde se mide la fuerza de la voluntad de cada uno. Esa es la excelencia más costosa, la más boxística de todas, de la que solo pueden dar cuenta un puñado muy exiguo de campeones del ring, y de los cuales Arturo Gatti era uno de los principales.


Arturo Gatti vs Micky Ward (1)

Aprendí a querer a Arturo Gatti, o por caso a Roberto Durán, a Bobby Chacon, o a Micky Ward, viendo la manera en que estos peleadores de nuestra era subían al ring con la resolución y modales que hubieran puesto en retroceso a sus pares de cualquier otra época histórica. Todos ellos podían perder circunstancialmente, cualquier día, pero como nunca concibieron la profesión en términos de estar arriba, "como fuera," sino en el sentido de probarle al público y probarse ellos, que nada les podía desalentar ni apartar de la senda de subida, entonces fueron imbatiblemente ganadores.

Ahora, luego de la violenta salida de escena de Alexis Argüello hace pocos días, ya podemos decir que este mes de julio va a ser tenido como uno de los más funestos y peores en mucho tiempo.


"El Trueno" volvió al cielo, el lugar al que perteneció siempre. El Ocaso de los Dioses del boxeo es mucho más oscuro desde este día.


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sábado, julio 04, 2009

Boxinitsprime y la vigencia del recuerdo


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http://img34.imageshack.us/img34/7574/boxinitsprime2.png es una integración de cuatro palabras, BOXING-IN-ITS-PRIME (El boxeo en su esplendor). Creo que son el mejor resumen y el enfoque más enriquecedor de todo aquello que nos ofrece el boxeo: por un lado, eso que remite a la connotación deportiva, lo cual busca reunir en un mismo conjunto a los espectáculos de primera o de elite. Por otro lado, aquello que el boxeo posee de apreciación estética y que remite por lo tanto, a un sentido superior.

En ambos casos, la temática es el boxeo a través de imágenes integradas con y sin el efecto de movimiento y sonido. Y todo eso, integrado con un criterio de preferencia por las expresiones sobresalientes, es decir, aquellas tomadas en su mejor momento competitivo y por lo tanto, en todo el apogeo de su arte.

Guardar, honrar y proteger la vigencia y el recuerdo de lo mejor del boxeo es una tarea necesaria.

Si bien el boxeo de nuestro medio está pasando por un tiempo de crisis, no es justo concluir que esa declinación en las preferencias populares se deba a la escasa actividad. La actividad está a pleno y en repunte. Tampoco a la ausencia de valores. Siguen surgiendo valores de nivel competitivo y talento suficiente para grandes cosas. No es la pobreza de jerarquía en los competidores, ni en la infraestructura.

Tampoco es exclusivamente culpa de los medios. El olvido de los medios para con el boxeo de hoy, no es más que la consecuencia inmediata de nuestra desmemoria para con el boxeo de ayer. El olvido lo tenemos todos. Lo padecemos todos. Como pueblo, quedamos achatados en la mediocridad, porque nos encaminamos por error a la conclusión de que vivimos en una crisis eterna. Que nunca existió lo mismo que estamos anhelando. Y privarnos de recalar en el pasado glorioso es una enorme injusticia para con una prolífica hilera de baluartes y ejemplos, surgidos del mismo seno del pueblo en crisis, que es el caldo de cultivo más fértil para el boxeo.

El boxeo no es hijo de la pobreza. Pero es indudable que los componentes de la postergación económica, el ansia de reivindicación y la rabia rebelde contra las injusticias sociales, encuentra siempre en el boxeo un conducto catártico y de salida, para revertir el sentido destructivo que pueda brotar de esas fuerzas y colocarlo al servicio de una actividad disciplinadora de los hábitos, positiva y constructiva en pos social e individual.

En la Argentina, si lo midiéramos en proporción a sus seguidores o a sus practicantes, ninguna otra actividad deportiva ha tenido mayor éxito internacional que el boxeo. El viejo y querido boxeo argentino, a pesar de todas sus crisis, es todavía hoy un gigante adormecido capáz de levantarse y volver a caminar sobre la historia. Falta que entre todos le demos una mano. Recordándolo en los días de sus mejores fuerzas y esplendores.

Como seguramente también les pasa a ustedes, yo adhiero con suma pasión, convicción y también con mucho afecto, a un boxeo lindo y de todos los tiempos.

Apenas me impongo esas dos precondiciones. Me gusta mucho ver boxeo y me estimula revivir películas de grandes maestros y grandes momentos del boxeo, buscando atrapar siempre una atemporalidad en el fenómeno. Creo que el boxeo lindo y de todos los tiempos, no tiene que ser, ni solo Argentino, ni solo extranjero, ni solo de ayer, ni de hoy; sino uno de siempre. Uno que todavía pueda continuar escribiéndose. Uno que podamos encontrar en los logros y horas de gloria por venir.

Aun después de muchos años, yo encuentro un disfrute integral viendo ese boxeo. Lo encuentro a través del simple entretenimiento; en la nostalgia sana; en la energía de gozar la plasticidad atlética que exhalan las peleas; en la fuerza del apasionamiento delante de lo que es la expresión extrema, la que fluye de lo que generan las dimensiones física y espiritual del hombre cuando son libradas al límite que le imponen la resistencias a la dureza infligida y el auxilio de la fe ciega en si mismas.

Mirar grandes peleas de boxeo me resulta un placer puro, intenso y mucho más que visual, es siempre algo estremecedor de la emoción y en cierto sentido, para los aficionados compulsivos como quien escribe, es incomparable.

Sin embargo y hablando en otro sentido, debo decir también, que no me gustan tanto las peleas desparejas, sucias, accidentadas, deslucidas con choques de cabezas, golpes arteros, peleas que terminan interrumpidas por los médicos, frustradas por los escándalos o por situaciones extradeportivas; y que aveces son más de las que uno quisiera que ocurran. No me gustan las peleas arruinadas por algún motivo que tenga que ver con el descontrol en la faz organizativa. Tampoco me agradan los peleas donde alguien se lastima feo, queda tirado semiconsciente, o resulta retirado en camilla, con oxígeno, o queda en estado de coma, o mucho menos cuando alguien muere. No me va en gracia la sangre y menos como condimento de un espectáculo que por principio debería ser limpio. Tampoco me espanta, porque creo que tengo una ponderación bastante paciente hasta convencerme de que una pelea con alguien lastimado "se arruinó". Ahí es cuando me reconforta saber que no me produce ningún goce subjetivo ver a (un boxeador muy lastimado que sigue por) la fuerza de la voluntad "envalentonada" y embarrada en un combate desigual, a cualquier costo, incluso cuando se sigue para adelante con la cara desfigurada, sosteniéndose solo por el deseo (no ya voluntad) antideportivo, de renegar de la derrota consumada. Todo eso afea, para mi gusto.




Sea por valor deportivo o por accidente, considero que es central en el boxeo saber y aceptar que cuando una pelea terminó: "terminó". Para el que boxea y para el que mira boxeo. No me gusta ver boxeadores que ya han perdido y siguen arriesgando la vida, solo por la aberrante terquedad de ocultar la impotencia o no admitir la inferioridad que deriva de un corte o una lesión. En boxeo hay que ganar, en lo posible, con claridad y con armas limpias. Y se debe aceptar la derrota, sin melodramas, cuando se es superado en esos mismos términos.

Ya he opinado en otra oportunidad, que el boxeo no es como las carreras de caballos, en donde aveces se gana "por una cabeza". El espíritu deportivo del boxeo está más emparentado con otros deportes de "caballeros" más que de caballos, como por ejemplo la esgrima o las rudas justas de los gladiadores de la antigüedad. En el boxeo es dable y natural ganar o perder. El empate, o la victoria "finita" son siempre odiosos y parecen ajenos a la naturaleza de este deporte.

Por último, tratando de caminar en dirección del deporte grande que todos queremos hacer, los boxeadores deberían recordar siempre que son deportistas y no seres malvados y perversos que gozan con la violencia y con el sufrimiento propio o ajeno. Y este no es un valor aislado, es el razgo pugilístico distintivo y uno esencialmente caro al boxeo-deporte. Porque instintivamente, quien es verdaderamente boxeador debe manejar absoluto auto-control para administrar su violencia, incluso cuando coloca esa violencia deportiva en violenta contradicción con sus sentimientos personales, convicciones, deseos, temores o intereses.

El boxeador que honra a su profesión y disciplina, no es el que castiga al rival desalmadamente y desde un odio visceral, como tampoco el que deserta de la búsqueda de la victoria por cuestiones de sensibilidad o tendencia humana y sale a "empatar" o a "perdonar la vida". Detesto y de verdad me impacienta, ver la pasividad de los peleadores que pueden convivir con la posibilidad de consumar un nocaut. El nocaut no es un elemento marginal u optativo del boxeo. Desde mi punto de vista, y el de muchos con los que converso a diario, es el Leit Motiv del boxeo, y las peleas de boxeo deberían entenderse como búsqueda permanente del nocaut.

Por eso, cuando el nocaut no aparece en el horizonte el boxeo deriva hacia otras rarezas "artificiales" y probablemente pintorescas, pero desnaturalizadas. Y apor eso mismo, cuando el nocaut llega al punto de su maduración, debe concretarse y el boxeador está obligado a concretarlo. Soslayar la importancia del nocaut, termina siendo una experiencia frustrante y que decepciona siempre.

Yo tengo mucha apatía para referirme a peleas (incluso aquellas muy publicitadas) entre mediocres, o de relleno, entre principiantes, con demasiada veteranía o demasiadas mañas; no me gusta ver obesos en el ring o tirapiedras sin la menor idea de la historia, del sudor, incluso de las desgracias que los anteceden en esta actividad.

Ser boxeador será siempre algo muy especial y vocacional. Eso no va a cambiar nunca, por más que el boxeo de marca tradicional se deje contaminar por los artificios del show que todo lo fagocita, desde el deporte hasta la tradición.

Entendiendo que existen múltiples maneras de practicar el boxeo; quizas haya tantas manifestaciones como número de peleadores. Hay determinados perfiles de ortodoxia, o de eclectisismo; aveces uno puede encasillar lo que está viendo y otras no; aveces se tendrá convencimiento de que lo que se ve, no pertenece a nigún estilo y simplemente se sale de molde; yo no tengo prejuicios por estilos en especial. Encuentro ídolos y pugilistas admirables en todo el espectro de los sabores. Pero en todos los casos, trátese de estilo o de la características de boxeo que se prefiera tomar, desde el paladar específico de cada uno, creo en una sola fe, y esa fe es la de la época del esplendor, que va más allá de los idiomas y de los ropajes del tecnicismo, y es en la que todos nos podemos poner de acuerdo. Me gustan los boxeadores que dignifican al boxeo, ganen o pierdan. Me gusta un boxeo en todo su esplendor.

Sobre gustos nunca se escribirá una última palabra. Reconozco que es frecuente enrolar la propia visión de lo que denominamos "boxeo" en excesiva cercanía a algún gran artífice de lo particular. Eso lleva ciertas veces a inhibir innecesariamente la percepción global, de otras múltiples maravillas que suceden arriba de un ring.

Pido disculpas por mis parcialidades y espero que, al final del día, se pueda coincidir en que la mejor manera de disfrutar el boxeo es paladeándolo primero por sus mejores momentos. Para sacar lo mejor de lo mejor, "hay que ir al prime (a la primavera)" de cada estilo, de cada expresión, de cada época.

Felices 100k! Gracias por continuar ahí haciendo el aguante, y vayamos siempre para adelante, con inteligencia, que entre todos hay que poner al boxeo otra vez en pelea.

Un abrazo a todos.


VIN


miércoles, julio 01, 2009

Alexis Argüello, un campeón eterno

ALEXIS ARGÜELLO
el flaco más querido


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Nicaragua ha perdido a su deportista más querido. A su héroe nacional. Pocas actividades como el deporte del boxeo, logran producir el efecto magnificador de las virtudes humanas de los simples seres mortales al punto de divinizarlos en vida. Argüello, a la vista de las innumerables imperfecciones de su vida y de su naturaleza común, de hombre, era casi un semi-Dios entre los suyos. Su obra es la explicación sucinta de ese misterio. 
09.09.1983 - Caesar Palace de Las Vegas 
Alexis Argüello v Aaron Pryor II


La noticia.

Los gritos de "¡Alexis, Alexis!" han quebrado el aire de Managua este día miércoles 1° de julio en que el MUNDO amaneció con la amarga noticia de la trágica desaparición física del multicampeón nicaragüense.

Latinoamérica llora al que fue en vida, uno de los 5 campeones mundiales de boxeo más grandes y gloriosos de su historia.

El Rey del Boxeo, como lo llamaban sus paisanos, Alexis Argüello Bohórquez, acabó con su propia vida de un disparo al corazón esta madrugada, en su propio domicilio, cerca de las 01:40 hora local, tal como lo consigna la escueta información a una radio oficial nicaragüense, hecha por la primera dama, Rosario Murillo, portavoz del gobierno del presidente Ariel Ortega cerca de las 07:00 de esta mañana. Hay a estas alturas, disparidad de versiones sobre las reales causas de su deceso. El mismo FSLN queda en el centro de las sospechas. En principio se tejen dudas sobre su incomprensible "traslado de urgencia" a una clínica, solo para declarar su fallecimiento, removiendo a su cadáver del lugar en donde lo hallaron y privando a la intervención forense de las consabidas pruebas de pólvora en sus manos, ubicación del arma con relación al disparo, posición de su cuerpo, etcétera, contaminando la fáctibilidad de confirmación para casi toda la evidencia que hoy se declaran.

Alexis Argüello vs Púas Olivares


No obstante, no era la primera vez que intentaba suicidarse. Apremiado por los excesos y el consumo de drogas -luego de su retiro deportivo- ya había tenido dos intentos previos de los cuales se había repuesto con la ayuda de su familia.

Su vida pública:

Desde antes de su salida de los rings, en 1995, mantenía una intermitente relación con la vida política de su país, siendo hace muchos años teniente honorífico de la Guardia Nacional de Somoza. En 1975 participó montado a caballo en una manifestación del somocismo en Estelí, al Norte del país, incluso en los ochenta combatió brevemente junto a los Contras. En 1990 el gobierno revolucionario le confiscó los bienes ganados en su vida boxística, situación que lo empujó a un período de exilio en los Estados Unidos. En 1994 había jurado que no volvería a mezclarse nunca más en su vida con las cosa pública, "Que me escupan la cara si lo hago" manifestó por entonces. Pero en el 2001 manifestó su apoyo al Frente Sandinista (FSLN) con quien se reconcilió "en aras del bien nacional" y para 2004 se convirtió en vicealcalde de Managua . Por el inmenso e incondicional cariño de su gente el mismo FSNL lo propuso para Alcalde en las elecciones del 2008 y contra algunos cuestionamientos de fraude que se levantaron entonces, fue confirmado ganador por el Consejo Supremo Electoral. Estuvo cinco meses en ese cargo.

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Había nacido en Managua un 19 de Abril de 1952 en el barrio Monzeñor Lezcano, en el seno de una familia humilde. No pudo completar sus estudios y debutó profesionalmente en el boxeo a los 16 años. Llegó a ser 3 veces campeón del mundo. Pero mucho más que eso, llegó a ser ídolo popular, ejemplo de conducta deportiva, de rectitud e integridad competitiva, fue uno de esos campeones que no necesitó ser "llamado" a enfrentarse con los mejores de su tiempo. Que siendo campeón indiscutido de los ligeros comprendió que su desafío estaba, no solamente 3,5 kilos por encima de su peso, sino en un "mandato" de su orgullo, y por eso cuando subió de categoría para medirse en superligeros con Aaron Pryor, era consciente de estar enfrentando, en un peso que no era el suyo, a una leyenda que había triturado a otra leyenda (Antonio Cervantes) y no esperó para ello ninguna invitación. Así y todo, habiendo estado muy cerca de consumar la hazaña de ganar en su primera pelea, quedó integrado a la historia grande del boxeo que lo reconoció posteriormente, en su brillante estatura de campeón, ingresándolo al Salón de la Fama.



Realizó 90 peleas profesionales, obtuvo 82 victorias con 65 nocauts y perdió las 8 restantes, recibiendo 4 caídas antes del límite. Fue campeón mundial pluma de la AMB (1974/1977) al derrotar a Ruben Olivares y dejó vacante ese fajín para concretar el título superpluma del CMB (1978/1980) venciendo a Alfredo Escalera. Posteriormente subió a ligeros y se consagró titular ecuménico por el CMB y The Ring -Magazine- (1981/1983) tomando ese cinturón de manos de Jim Watt. Luchó en en un tiempo de peleas a 15 rounds sin haber necesitado concluir la totalidad de esas vueltas más que en 3 oportunidades. Fue vencedor de notables casi más que ninguno en la historia, además de los mencionados venció a Rafael Limon, Bobby Chacon, Ruben Castillo, Rolando Navarrete, Cornelius Boza Edwards, Jose Luis Ramirez, Ray Mancini, Roberto Elizondo, Andrew Ganigan, Kevin Rooney y Billy Costello. Casi todos ellos en el momento de sus primes. Sus dos caídas con Aaron Pryor fueron, como ya señalaba, buscando su propio techo. Con la mayor de la vergüenza y empeño.

Debutó siendo noqueado en el primer round por un hombre que nunca más disputó otra pelea profesional. El continuó otros 27 años y llegó al final de ese camino en perfectas condiciones de salud y fortuna. Capturó las metas y el reconocimiento más grandes a los que pueda aspirar un deportista cabal.

Su estirpe de campeón:

Fue un boxeador exquisito, refinado, elegante, preciso, dotado de un enorme arsenal de movimientos ofensivos y de pegada taladrante. Era espigado, atlético y manejaba el jab con velocidad eléctrica. Sus ganchos al cuerpo marcan al tope de cualquier clasífica de excelencia. Y sus cojones enormes lo llevan hasta la cima de la adoración universal. El Flaco Explosivo no tenía detractores del boxeo, porque fue el tipo de peleador con fuego sagrado y abrumadoras dotes de clase y jerarquía "boxística".




Que descanse en paz y con la misma gloria que cosechó en vida.


VIN