sábado, julio 04, 2009

Boxinitsprime y la vigencia del recuerdo


http://img87.imageshack.us/img87/4665/boxinitsprime.png


http://img34.imageshack.us/img34/7574/boxinitsprime2.png es una integración de cuatro palabras, BOXING-IN-ITS-PRIME (El boxeo en su esplendor). Creo que son el mejor resumen y el enfoque más enriquecedor de todo aquello que nos ofrece el boxeo: por un lado, eso que remite a la connotación deportiva, lo cual busca reunir en un mismo conjunto a los espectáculos de primera o de elite. Por otro lado, aquello que el boxeo posee de apreciación estética y que remite por lo tanto, a un sentido superior.

En ambos casos, la temática es el boxeo a través de imágenes integradas con y sin el efecto de movimiento y sonido. Y todo eso, integrado con un criterio de preferencia por las expresiones sobresalientes, es decir, aquellas tomadas en su mejor momento competitivo y por lo tanto, en todo el apogeo de su arte.

Guardar, honrar y proteger la vigencia y el recuerdo de lo mejor del boxeo es una tarea necesaria.

Si bien el boxeo de nuestro medio está pasando por un tiempo de crisis, no es justo concluir que esa declinación en las preferencias populares se deba a la escasa actividad. La actividad está a pleno y en repunte. Tampoco a la ausencia de valores. Siguen surgiendo valores de nivel competitivo y talento suficiente para grandes cosas. No es la pobreza de jerarquía en los competidores, ni en la infraestructura.

Tampoco es exclusivamente culpa de los medios. El olvido de los medios para con el boxeo de hoy, no es más que la consecuencia inmediata de nuestra desmemoria para con el boxeo de ayer. El olvido lo tenemos todos. Lo padecemos todos. Como pueblo, quedamos achatados en la mediocridad, porque nos encaminamos por error a la conclusión de que vivimos en una crisis eterna. Que nunca existió lo mismo que estamos anhelando. Y privarnos de recalar en el pasado glorioso es una enorme injusticia para con una prolífica hilera de baluartes y ejemplos, surgidos del mismo seno del pueblo en crisis, que es el caldo de cultivo más fértil para el boxeo.

El boxeo no es hijo de la pobreza. Pero es indudable que los componentes de la postergación económica, el ansia de reivindicación y la rabia rebelde contra las injusticias sociales, encuentra siempre en el boxeo un conducto catártico y de salida, para revertir el sentido destructivo que pueda brotar de esas fuerzas y colocarlo al servicio de una actividad disciplinadora de los hábitos, positiva y constructiva en pos social e individual.

En la Argentina, si lo midiéramos en proporción a sus seguidores o a sus practicantes, ninguna otra actividad deportiva ha tenido mayor éxito internacional que el boxeo. El viejo y querido boxeo argentino, a pesar de todas sus crisis, es todavía hoy un gigante adormecido capáz de levantarse y volver a caminar sobre la historia. Falta que entre todos le demos una mano. Recordándolo en los días de sus mejores fuerzas y esplendores.

Como seguramente también les pasa a ustedes, yo adhiero con suma pasión, convicción y también con mucho afecto, a un boxeo lindo y de todos los tiempos.

Apenas me impongo esas dos precondiciones. Me gusta mucho ver boxeo y me estimula revivir películas de grandes maestros y grandes momentos del boxeo, buscando atrapar siempre una atemporalidad en el fenómeno. Creo que el boxeo lindo y de todos los tiempos, no tiene que ser, ni solo Argentino, ni solo extranjero, ni solo de ayer, ni de hoy; sino uno de siempre. Uno que todavía pueda continuar escribiéndose. Uno que podamos encontrar en los logros y horas de gloria por venir.

Aun después de muchos años, yo encuentro un disfrute integral viendo ese boxeo. Lo encuentro a través del simple entretenimiento; en la nostalgia sana; en la energía de gozar la plasticidad atlética que exhalan las peleas; en la fuerza del apasionamiento delante de lo que es la expresión extrema, la que fluye de lo que generan las dimensiones física y espiritual del hombre cuando son libradas al límite que le imponen la resistencias a la dureza infligida y el auxilio de la fe ciega en si mismas.

Mirar grandes peleas de boxeo me resulta un placer puro, intenso y mucho más que visual, es siempre algo estremecedor de la emoción y en cierto sentido, para los aficionados compulsivos como quien escribe, es incomparable.

Sin embargo y hablando en otro sentido, debo decir también, que no me gustan tanto las peleas desparejas, sucias, accidentadas, deslucidas con choques de cabezas, golpes arteros, peleas que terminan interrumpidas por los médicos, frustradas por los escándalos o por situaciones extradeportivas; y que aveces son más de las que uno quisiera que ocurran. No me gustan las peleas arruinadas por algún motivo que tenga que ver con el descontrol en la faz organizativa. Tampoco me agradan los peleas donde alguien se lastima feo, queda tirado semiconsciente, o resulta retirado en camilla, con oxígeno, o queda en estado de coma, o mucho menos cuando alguien muere. No me va en gracia la sangre y menos como condimento de un espectáculo que por principio debería ser limpio. Tampoco me espanta, porque creo que tengo una ponderación bastante paciente hasta convencerme de que una pelea con alguien lastimado "se arruinó". Ahí es cuando me reconforta saber que no me produce ningún goce subjetivo ver a (un boxeador muy lastimado que sigue por) la fuerza de la voluntad "envalentonada" y embarrada en un combate desigual, a cualquier costo, incluso cuando se sigue para adelante con la cara desfigurada, sosteniéndose solo por el deseo (no ya voluntad) antideportivo, de renegar de la derrota consumada. Todo eso afea, para mi gusto.




Sea por valor deportivo o por accidente, considero que es central en el boxeo saber y aceptar que cuando una pelea terminó: "terminó". Para el que boxea y para el que mira boxeo. No me gusta ver boxeadores que ya han perdido y siguen arriesgando la vida, solo por la aberrante terquedad de ocultar la impotencia o no admitir la inferioridad que deriva de un corte o una lesión. En boxeo hay que ganar, en lo posible, con claridad y con armas limpias. Y se debe aceptar la derrota, sin melodramas, cuando se es superado en esos mismos términos.

Ya he opinado en otra oportunidad, que el boxeo no es como las carreras de caballos, en donde aveces se gana "por una cabeza". El espíritu deportivo del boxeo está más emparentado con otros deportes de "caballeros" más que de caballos, como por ejemplo la esgrima o las rudas justas de los gladiadores de la antigüedad. En el boxeo es dable y natural ganar o perder. El empate, o la victoria "finita" son siempre odiosos y parecen ajenos a la naturaleza de este deporte.

Por último, tratando de caminar en dirección del deporte grande que todos queremos hacer, los boxeadores deberían recordar siempre que son deportistas y no seres malvados y perversos que gozan con la violencia y con el sufrimiento propio o ajeno. Y este no es un valor aislado, es el razgo pugilístico distintivo y uno esencialmente caro al boxeo-deporte. Porque instintivamente, quien es verdaderamente boxeador debe manejar absoluto auto-control para administrar su violencia, incluso cuando coloca esa violencia deportiva en violenta contradicción con sus sentimientos personales, convicciones, deseos, temores o intereses.

El boxeador que honra a su profesión y disciplina, no es el que castiga al rival desalmadamente y desde un odio visceral, como tampoco el que deserta de la búsqueda de la victoria por cuestiones de sensibilidad o tendencia humana y sale a "empatar" o a "perdonar la vida". Detesto y de verdad me impacienta, ver la pasividad de los peleadores que pueden convivir con la posibilidad de consumar un nocaut. El nocaut no es un elemento marginal u optativo del boxeo. Desde mi punto de vista, y el de muchos con los que converso a diario, es el Leit Motiv del boxeo, y las peleas de boxeo deberían entenderse como búsqueda permanente del nocaut.

Por eso, cuando el nocaut no aparece en el horizonte el boxeo deriva hacia otras rarezas "artificiales" y probablemente pintorescas, pero desnaturalizadas. Y apor eso mismo, cuando el nocaut llega al punto de su maduración, debe concretarse y el boxeador está obligado a concretarlo. Soslayar la importancia del nocaut, termina siendo una experiencia frustrante y que decepciona siempre.

Yo tengo mucha apatía para referirme a peleas (incluso aquellas muy publicitadas) entre mediocres, o de relleno, entre principiantes, con demasiada veteranía o demasiadas mañas; no me gusta ver obesos en el ring o tirapiedras sin la menor idea de la historia, del sudor, incluso de las desgracias que los anteceden en esta actividad.

Ser boxeador será siempre algo muy especial y vocacional. Eso no va a cambiar nunca, por más que el boxeo de marca tradicional se deje contaminar por los artificios del show que todo lo fagocita, desde el deporte hasta la tradición.

Entendiendo que existen múltiples maneras de practicar el boxeo; quizas haya tantas manifestaciones como número de peleadores. Hay determinados perfiles de ortodoxia, o de eclectisismo; aveces uno puede encasillar lo que está viendo y otras no; aveces se tendrá convencimiento de que lo que se ve, no pertenece a nigún estilo y simplemente se sale de molde; yo no tengo prejuicios por estilos en especial. Encuentro ídolos y pugilistas admirables en todo el espectro de los sabores. Pero en todos los casos, trátese de estilo o de la características de boxeo que se prefiera tomar, desde el paladar específico de cada uno, creo en una sola fe, y esa fe es la de la época del esplendor, que va más allá de los idiomas y de los ropajes del tecnicismo, y es en la que todos nos podemos poner de acuerdo. Me gustan los boxeadores que dignifican al boxeo, ganen o pierdan. Me gusta un boxeo en todo su esplendor.

Sobre gustos nunca se escribirá una última palabra. Reconozco que es frecuente enrolar la propia visión de lo que denominamos "boxeo" en excesiva cercanía a algún gran artífice de lo particular. Eso lleva ciertas veces a inhibir innecesariamente la percepción global, de otras múltiples maravillas que suceden arriba de un ring.

Pido disculpas por mis parcialidades y espero que, al final del día, se pueda coincidir en que la mejor manera de disfrutar el boxeo es paladeándolo primero por sus mejores momentos. Para sacar lo mejor de lo mejor, "hay que ir al prime (a la primavera)" de cada estilo, de cada expresión, de cada época.

Felices 100k! Gracias por continuar ahí haciendo el aguante, y vayamos siempre para adelante, con inteligencia, que entre todos hay que poner al boxeo otra vez en pelea.

Un abrazo a todos.


VIN


4 comentarios:

Lincoln dijo...

Gracias a vos VIN por el aguante. Gracias por crear un espacio de y para aficionados al box, en forma totalmente desinteresada, manteniendo un nivel difícil de encontrar en el medio (internet), y siempre con un enorme compromiso. Felices 100k, y tantos otros que vendrán, porque si hay algo seguro es que cuando las cosas se hacen con esfuerzo y pasión, los demás lo aprecian.
Saludos,
EL Cholo

Anónimo dijo...

Me gusto lo q decis vin. Y pa no ser repetitivo me uno a las gracias de Lincoln.
Otra cosa me gustaria mucho un articulo tuyo acerca de como ves el boxeo argentino hoy dia. Q t parece? estamos saliendo del pozo o es algo pasajero?.
como siempre abrazo. Argento

Gabriel Muñoz dijo...

Bueno Vin,Mis Felicitaciones, Gracias Por Enriquecer Mis Conocimientos,Por Compartir Tu Pasion,y talento,un abrazo enorme

Comegalletas dijo...

Amigo y hermano (en el boxeo), VIN.

Me uno a las felicitaciones por tus 100k. Y me complazco en leer la pasión que el boxeo despierta en tí.

Personalmente me gusta mucho analizar las peleas desde un punto de vista estratégico. Examinar los planes de pelea de ambos contendientes, y cómo fueron modificándose en virtud del desarrollo del combate. Y aprecio especialmente a los boxeadores con una técnica depurada.

Y mi sitio favorito de boxeo es este, seguido por Boxeo Editores. Tus artículos están pulcramente escritos, y siempre con un fondo que trasciende la anécdota. Nunca fui muy aficionado al boxeo argentino (en mi visión, más cercano a Europa que a América), pero he aprendido mucho en tus artículos históricos.

Ánimo, y felices próximos 200k.