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Galíndez-Kates, en divx

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La epopeya de Sudáfrica en su tamaño más compacto. A pesar de los defectos de audio y video de las sucesivas transformaciones, seguramente que conservará intacta la emoción de hace hace treinta y un años, y que será nuevamente ilustrativo al propósito de fijar una noción más justa y objetiva de lo que fue Galíndez en el Boxeo. Las imágenes de la prensa y el tumulto posteriores a la larga interrupción de las acciones del segundo round, dan paso al retorno salvaje del boxeador argentino que da vuelta el pleito de una manera conmovedora. El prestigioso periodista canadiense Ian S.Palmer preparó para Tigerboxing.com la excelente biografía que se reproduce debajo. Vale la pena su lectura, tanto como el repaso de aquellas viejas acciones.


YO RECUERDO A VICTOR GALINDEZ,
Por Ian Palmer
12/02/2005 - Toronto

Cuando Victor Emilio Galíndez crecía en Buenos Aires, Argentina, muchas veces soñó llegar a ser poderoso, popular y famoso. Tenía una imaginación muy viváz. Había nacido un 2 de noviembre de 1948, y quería convertirse en un cazador deportivo, corredor de autos, goleador de Boca, uno de los mayores equipos de fútbol de la Argentina, y en campeón mundial de boxeo. Mientras que se las arregló cazando codornices con el rifle de aire y jugó al fútbol hasta los 16 años, sus sueños de convertirse en campeón mundial de boxeo y corredor de autos también se hicieron realidad, pero con niveles de éxito que resultaron completamente diferentes.

Como la mayoría de los adolescentes, Galíndez probó varias manera de ganarse la vida mientras crecía. Trabajó en la chacra de su tío, cocechó maíz, fue lustrabotas, vendedor de diarios, trabajó en una carnicería y tuvo otras numerosas ocupaciones. Tambíen tuvo su cuota de entreveros en riñas de la calle, que raramente perdía. Con sus amigos casi empujándolo y no sin cierta reticencia, se metió por primera vez en un ring y por dinero a los 16 años. Fue cierta vez que un promotor necesitaba alguno que combatiera en uno de sus shows nocturnos, en las afueras de Buenos Aires. Pocas horas después, el adolescente celebraba su primera victoria y contaba una y otra vez los billetes de sus $ 200 de paga.

A pesar de que aquella pelea en el show nocturno fue técnicamente su debut profesional, no lo fue oficialmente, porque hizo muchas peleas sin tener la licencia y por eso le pagaban en negro. Como no se llevaba cuenta de sus combates, Galíndez todavía era considerado amateur, pero a esa altura, ya le había tomado el gusto a la cosa y quería convertirse en un boxeador serio y cotizado. Lo primero que hizo con sus ganancias fue salir y comprarse él mismo, un par de pantaloncitos y bata con motivos de leopardo, dado que le fascinaba ese poderoso animal y siempre pensaba que él también era como uno de ellos: salvaje, rápido, feróz, libre y poderoso.

Cuando entrenaba, el boxeo era algo que afloraba naturalmente en Galíndez, y su exitosa carrera amateur incluyó una contienda representando a la Argentina en los Juegos Panamericanos y en las olimpíadas de Ciudad de México, donde conoció su única y solitaria derrota en la división de los medio medianos. El 10 de mayo de 1969, hizo su debut oficial en el profesionalismo, en su propia ciudad, ganándole con un nocaut en el cuarto round a Ramón Ruiz, y siguió su racha con un nocaut en el tercero menos de un mes después. Un par de meses más tarde ya estaba peleando a 10 rounds y tuvo un empate con Adolfo Cejas. En su sexta pelea, Galíndez tuvo su primera derrota profesional con Juan Aguilar que le ganó por decisión en 10 rounds. No era la única vez en que Aguilar le iba a dar trabajo a Victor, ya que pelearon otras 3 veces en 1970 y aun así Galíndez no pudo vencerlo, ya que perdió la primera, otra vez por puntos, empató la segunda y la tercera quedó sin decisión.


Aunque andaba un poco confundido arriba del ring, Galíndez peleó por el título Argentino de los semipesados en su última pelea de 1970 y cayó por decisión en 12 rounds ante Avenamar Peralta. Menos de dos meses después, pudo vengar esa derrota con un triunfo por puntos ante Peralta, en una pelea en la que no estaba en juego el título de campeón. El amor de Victor por la vida de los placeres, era algo que obviamente lo estaba distrayendo bastante, ya que solo ganó 3 de sus siguientes 8 peleas. De todas maneras, en julio de 1972, conoció por primera vez el éxito grande, cuando derrotó a Aguilar otra vez por decisión en 12 rounds, y esta vez estando en juego el título nacional de los semipesados. Dos meses después defendería su título por la misma vía ante Peralta y menos de un mes más tarde, ambos se encontrarían otra vez más, ahora por el título sudamericano de los semipesados, y Galíndez volvería a vencer por decisión en 12 rounds.


Parecía que Galíndez se concentraba más en el boxeo que en la parranda, y el 7 de diciembre de 1974, con una racha invicta de 23 peleas a cuesta, tuvo la oportunidad de enfrentar a Len Hutchins por el título mundial semipesado vacante de la AMB. Victor trepó al ring con un record de 33-6-4, mientras que Hutchins exhibía un lustrosa marca de 22-1-1. Cuando terminó la contienda, Galíndez caminó la noche de Buenos Aires como el nuevo campeón del mundo, por gracia de un nocaut técnico en el 13er asalto.


Pero no todo era como parecía con Galíndez, ya que abajo del ring continuaba viviendo una vida desordenada, como también lo admitiera años después a la revista Ring.

"Era un incorregible. Un mes antes de que peleara con Len Hutchins tuve un accidente con el auto de un amigo. En el choque me lastimé la rodilla izquierda . Me la hice puré. Con mi hermano Roberto tratamos de hacer como que no pasó nada. No queríamos que mi mánager se diera cuenta, pero no podía ocultarlo. De solo mirarme caminar mientras me entrenaba ya me veían que estaba lesionado. Y quisieron aplazar la pelea. Yo no quería ni escuchar hablar de eso. Tenía miedo de perderme la chance por el título. Y para empeorar las cosas, me torcí el tobillo derecho andando a caballo una semana antes de la pelea. Parecía un melón como lo tenía. El preparador me quería matar. Pero los problemas no se acababan ahí. Después del pesaje fuí a un restaurant y me comí una porción de ranas a la provensal que me cayeron como una bomba. Subí al ring con el estómago a la miseria, una rodilla hecha pedazos y el tobillo hinchado. Qué loco que era."

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En febrero de 1975, Galíndez subió otra vez al ring y se anotó un nocaut en el sexto sobre Johnny Griffin en una pelea en la que no estaba en juego el título. Al ganar el cinturón mundial, renunció tanto a su título argentino como al sudamericano, y ahora quería probarse a si mismo que era campeón mundial de verdad y salió a recorrer el mundo. Hasta entonces nunca había peleado profesionalment fuera de la Argentina. Galíndez viajó a Johannesburgo, Sudáfrica, a principios de 1975 y le ganó por puntos en decisión unánime a Pierre Fourie. De ahí voló a Las Vegas para una pelea con Ray Elson un mes después y lo noqueó en ocho rounds. Se suponía que esa sería una pelea por el título mundial, pero la AMB no la convalidó porque Elson no estaba ranqueado entre los primeros diéz.


Seis semanas después, viajó con rumbo al este, havcia la ciudad de Nueva York, y aunque tuvo que batallar para dar el peso y se descompuso en el vestuario justro antes de la pelea, le ganó asimismo a Jorge Ahumada en decisión unánime luego de 15 rounds (NT fue en semifondo de la pelea entre Monzón-Licata). Poco después, se vería de regreso en Johannesburg enfrentando nuevamente a Fourie y derrotándolo por decisión dividida al cabo de 15 rounds. Al regreso de un merecido tiempo de descanso, volvió a los seis meses para derrotar a Harald Skog en Oslo-Noruega. Y menos de dos semanas después, hizo un breve viaje hacia Copenhagen-Dinamarca, lugar donde venció a Jesse Burnett en 10 rounds, sin poner en juego el título. Las millas voladas se seguían acumulando, con Galíndez venciendo en tres peleas más antes que terminara 1976. Dos de ellas en Johannesburgo y la restante en Argentina, donde también tuvo su primer pelea de 1977 antes de retomar la gira.


Aunque parecía que Galíndez había encontrado como un segundo hogar en Johannesburg, era en realidad en Italia donde era verdaderamente popular y por eso peleó cuatro de sus siguientes peleas allí, en todas puso en juego su título del mundo y resultó ganador por puntos en 15 rounds, sobre algunos de los mayores exponentes de la categoría semipesado de esa época: Richie Kates, Alvaro "Yaqui" Lopez dos veces y Eddie Mustafa Muhammad. A mediados de 1977 volvió a la Argentina para tres combates no mundiales, que tomó como preparación durante tres meses antes de enfrentarse a Mike Rossman, una estelar judeo-americano que venía en ascenso, y que llegaba a esa pelea, que tuvo lugar en Nueva Orleans, con un record de 34-4-3. La pelea con Rossman sirvió de semifondo a la segunda pelea entre Alí-Spinks, en la cual Alí reconquistó el título pesado.

Una vez más, frente a Rossman, Galíndez volvió a tener problemas para dar el peso y tuvo que saltar la cuerda durante una hora en el cuarto de sauna del hotel, el mismo día de la pelea. En su tercer intento, finalmente pudo entrar en el límite de las 175 libras, pero el poder de Rossman resultó demasiado para un debilitado Galíndez y la pelea debió ser detenida en el 13er. asalto. Era la primera derrota de Galíndez en 7 años y 44 peleas. Perder ese cetro ya era una cosa difícil para Galíndez que adoraba la popularidad y la adoración del público que eso le generaba, pero lo más doloroso fue la reacción de algunos en su entorno que le dieron la espalda ahora que había perdido el título.

Después de seis meses de recuperación, Galíndez ganó una pelea de preparación por nocaut en el sexto round, antes volver a enfrentar a Rossman en el Superdome de Nueva Orleans el 14 de abril de 1979. Galíndez estaba decidido a ser el primer semipesado de la historia en recuperar el título mundial, y eso se hizo oficial con la derrota de Rossman en el décimo round. De manera más pronosticable que la nieve en Alaska, el entorno de Galíndez regresó corriendo para los festejos.


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Al reconquistar el título, Galíndez se separó de su esquina (NT: Tito Lectoure) y firmó contrato con Chris Dundee, se trasladó a Florida, contrajo casamiento, firmó un acuerdo de promoción con la organización Top Rank de Bob Arum , y formó su propio equipo de promocióncon la leyenda del boxeo argentino, Carlos Monzón y su manager Amilcar Brusa. El futuro realmente parecía brillante para el campeón de 30 años.

Marvin Johnson fue el elegido para la primer defensa de Galíndez a finales de 1979, pero Galíndez lo rechazó pidiendo una bolsa mayor. La AMB lo despojó de su título, pero el recién electo presidente le dijo a Victor que lo recoronaría si retomaba negociaciones por esa pelea. Galíndez no estaba debidamente entrenado y fue noqueado en el undécimo round, sufriendo por añadidura una fractura de mandíbula. Luego de operarse y de seis meses de recuperación fue programado para enfrentar al campeó crucero Marvin Camel en California, para junio de 1979, pero una lesión ocular forzó a Camel a retirarse de cartelera y fue reemplazado con Jesse Burnett. Galíndez le había ganado hacía unos años y pensaba que no iba a tener problemas con el veterano, pero Burnett lo tumbó dos veces y le ganó por decisión unánime en 12 asaltos.

Galíndez regresó a la Argentina y entabló conversaciones con su ex manager Tito Lectoure, diciéndole que quería que lo ayudara a continuar su carrera y a reconquistar el título. Despues de pasar un mes de intensos entrenamientos Galñíndez se veía fresco y peligroso, pero un día mientras prcticaba con su sparring sintió un dolor en los ojos. Pocos días después era operado por el desprendimiento de sus dos retinas. Galíndez ya había sufrido antes, en su carrera, numerosos contratiempos como cuando se cayó de una motocicleta, o se laceró severamente un brazo al resbalar en una pileta de natación, su quebradura de la mano derecha, un hombro dislocado, numerosos cortes en el rostro y obviamente su fractura de mandíbula y las lesiones previas a su pelea con Len Hutchins. No estaba demasiado preocupado por su lesión en la vista hasta que un médico le comunicó que no podía boxear más. Doce días después y contra su voluntad, el 28 de agosto de 1980, se retiró del boxeo con un record profesional de 55-9-4 y dos peleas sin decisión.


De esas nueve derrotas, tres de ellas habían llegado en sus últimas cinco contiendas, y seis de ellas eran de sus primeros tres años de profesionalismo. Cuando estuvo en su mejor momento, fue prácticamente imbatible, perdiendo solo con Rossman. Excepto a Johnson, Galíndez les ganó a todos aquellos con los que había perdido antes. Desde luego, como resulta característico en el boxeo, algunas de sus victorias por decisión son controversiales y es lo que hace al boxeo un deporte único y emocionante. Asimismo, Galíndez terminó conociendo bien a los rivales de su carrera y no temió nunca a las revanchas, ya que peleó nueve veces con Aguilar, seis con Peralta, cinco con Ahumada, tres veces con Domingo Silviera, dos con Adolfo Cardozo, Lopez, Kates, Burnett, Rossman, Cerrizuela, Raul Loyola, Pedro Rimovsky, Rubén Macario González y Pierre Fourie.

Sintiéndose privado de las emociones en su vida, Galíndez volvió su mirada hacia las carreras de autos, ya que siempre había estado fascinado con las carreras, la velocidad y la potencia de los motores, llegando a poseer alguna vez cinco Mercedes Benz, cuatro Torinos, cuatro Peugeots, cuatro Fords, dos coupes, un Camaro, un Corvair, una Tullieta, un Corvette, un Trans Am, un BMW, una Chevy pickup, junto con dos motocicletas Kawasakis y una Yamaha. Y pensó que si ya no podía ser un leopardo en los rings, podría ser uno en los circuitos.
“Cuando era chico quería ser un leopardo, para ser libre, para ser cazado, para escapar. Y me convertí en uno. Quise ser campeón. Lo fuí. Viví mi vida de la manera que quise. Creo que ahora me gustaría ser campeón de las carreras de autos. Es un deporte menos peligroso que el boxeo. En el boxeo uno puede morir en cualquier momento. Las carreras son mucho más seguras. Uno no tiene que recibir golpes en las carreras"
Aunque Galíndez poseía una gran colección de motores, no poseía ninguna experiencia en correrlos, así que fue a visitar a un viejo amigo llamado Antonio Lizeviche, que corría y hacía la mecánica del auto, para que le contara sus secretos. Galíndez le dijo que quería empezar de acompañante y después correr su propio auto cuando hubiera ganado experiencia. Finalmente Lizeviche estuvo de acuerdo y lo ayudó para que consiguiera la licencia. El 26 de octubre de 1980, la pareja corría su primera carrera en dupla y poco después de la largada tuvieron un problema de motor. Bajaron del auto mientras otros les gritaban que volvieran a subirse y a esperar por el auxilio. De pronto, el rugido de los motores quedó ahogado por el horrible sonido del chirriar de los neumáticos y de los vidrios rotos. En cuestión de segundos, Lizeviche y Galíndez quedaron tendidos y sin vida a un costado de la pista mientras los autos pasaban a un costado a 200 km por hora.

Despues de 31 años de correrías salvajes y en libertad, el leopardo había sido finalmente cazado. Aunque Galíndez era el primer argentino en ganar su título en casa, nunca lo defendió en su país, pero aún así era considerado un héroe nacional.

Un cortejo de decenas de miles fue a darle el último adiós, el día que su ataud fue llevado hasta el Luna Park, el estadio en el que había ganado su título.

Galíndez fue promovido al Salón Internacional de la Fama del Boxeo en el 2002 y lo tenía merecido.






1 comentarios:

marcos dijo...

Estaba buscando la pelea de Galindez vs Kates porque estoy haciendo un dvd casero con peleas legendarias que le quiero regalar a mi viejo porque en un par de dias cumple años ¿me harías el gran favor de subirlos de nuevo? si no se puede no hay problema. Te mando un saludo y te felicito por el blog que está espectacular.